Sesionero nació de una molestia muy concreta: profesionales de salud que terminan el día escribiendo informes en vez de estar con sus pacientes. Lo construimos para que esa parte del trabajo deje de robarles horas.
Todo arrancó de una conversación entre los dos: Antonella contando lo que tardaba en armar cada informe psicopedagógico después de una jornada larga de sesiones, y Álvaro preguntando por qué esa tarea no estaba resuelta todavía. De ahí salió la primera versión de Sesionero, pensada para un solo consultorio y probada primero por Antonella misma.
Desde entonces la construimos a cuatro manos: la mirada técnica cuida que los datos de cada paciente estén seguros y que la herramienta sea simple de usar; la mirada clínica se asegura de que cada informe respete la forma de trabajar de cada profesional, no al revés.
Un ingeniero en sistemas y una psicopedagoga. La tecnología y la clínica, trabajando juntas.
Co-fundador · Producto y tecnología 🇦🇷
Se encarga de que Sesionero funcione rápido, sea fácil de usar y no le rompa la cabeza a nadie. Antes de esto pasó años escribiendo software para otros equipos; ahora construye la herramienta que quisiera que existiera para su pareja.
Co-fundadora · Mirada clínica 🇦🇷
Ejerce en consultorio y sabe de primera mano cuánto pesa un informe mal resuelto, tanto para el profesional como para la familia que lo espera. Diseña cada plantilla y cada bloque de Sesionero para que el resultado final suene a informe propio, no genérico.
Cada decisión de producto parte de cómo trabaja de verdad un profesional de salud, no de cómo nos gustaría a nosotros que trabajara.
La información de cada paciente es sensible por definición. La tratamos con el mismo cuidado que le pediríamos a cualquiera que la manejara.
Somos un equipo chico y contestamos nosotros mismos. Si algo no funciona como debería, queremos ser los primeros en enterarnos.